Quizás no sorprenda saber que la industria de la
radiotransmisión deportiva está dominada por los hombres, como lo está el mundo
de los deportes en general. De hecho, el Proyecto Global Monitoreo de Medios
realizado en 2015 con apoyo de la Unesco presentó una imagen especialmente
negativa en materia de igualdad de género en la cobertura deportiva. Solo el
12% de los eventos deportivos son transmitidos por mujeres, y, entre los más de
50 temas que se estudiaron, el deporte resultó ser el que tenía menor
probabilidad de que lo presentaran mujeres.
Lo más alarmante que se encontró es que las mujeres
representan apenas el 7% de los deportistas retratados en los medios de
comunicación, y solo el 4% de las historias deportivas se centran
predominantemente en las mujeres. En muchos casos, los porcentajes de la radio
eran incluso peores que los de otras formas de difusión.
Por supuesto, esto no es solo un problema de cantidad o
equilibrio. Otros estudios han determinado que, incluso cuando se presentan
atletas femeninas, es posible que la cobertura se enfoque en deportes femeninos
“estereotipados”, como la gimnasia y el voleibol, y que los eventos y logros deportivos
de las mujeres a menudo obtienen poca o ninguna cobertura.
Según Cambridge University Press, en el ámbito de la
cobertura deportiva las mujeres son mucho más propensas a ser llamadas “chicas”
que los hombres “muchachos”, y los medios destacan en exceso sus roles de
madres, esposas o hijas. En el peor de los casos, los medios pueden
concentrarse en la apariencia física de las mujeres y “degradarlas a un papel
de objetos sexuales”, lo que la Harvard Law Review sugiere que podría
obstaculizar los esfuerzos de los medios de comunicación para construir una
audiencia deportiva más diversa y desalentar a las jóvenes de participar en
deportes. Otros estudios sugieren incluso que este tipo de tratamiento puede
provocar una imagen corporal negativa y una baja autoestima entre las atletas.
La radiodifusión deportiva también es increíblemente
poderosa en la formación de criterios normativos para hombres y niños, no solo
respecto a cómo ven a las mujeres, sino también sobre cómo piensan acerca de
ellos mismos.
En un campo tan dominado por los hombres como lo es el
deporte y con una “cultura masculina” ligada al deporte estereotipada en gran
parte del mundo, existen muy pocas instituciones con su influencia que
transmitan a los jóvenes valores y comportamientos positivos.
Si la cobertura deportiva de las mujeres a menudo se centra
en la familia y la sensualidad, la cobertura de los hombres suele enmarcarse en
términos de conflicto, batalla y dominio. Predominan las imágenes de jugadores
recios y agresivos que rechazan sucumbir a la debilidad del dolor o la emoción.
La violencia se entreteje a lo largo de la cobertura deportiva; en algunos
deportes es una distracción del juego, en otros es su parte integral.
Los medios de comunicación pueden decidir en qué medida aparece
esto y qué tratamiento se le da. Un estudio realizado en Estados Unidos
encontró que más de la mitad de los jóvenes afirmaron que a menudo
experimentaron la violencia a través de los medios deportivos y es crucial
considerar dicho impacto en sus futuras actitudes respecto a la agresión o a la
resolución de conflictos.
Para la prensa deportiva, la severa falta de comentaristas
mujeres, la escasa cobertura que se brinda a las competiciones femeninas y la
promoción de estrechos estereotipos de género representan no solo un desafío
para el pluralismo y la objetividad de los medios de comunicación, sino que
también una complicidad en la limitación de opciones para que todas las
personas se expresen y vivan la vida que desean vivir.
Si bien en algunas áreas se observan avances alentadores,
son precisas nuevas prácticas de cobertura deportiva que den igualdad de
oportunidades en los organismos de radiodifusión, ofrezcan una representación
más justa de los atletas femeninos y masculinos y celebren a todos los atletas
independientemente del género./Crónica Viva.


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